Sentir el alma vacío,
sentir la gravedad del frío en este alma incierto.
sentir la gravedad del absurdo frío de un lento enero.
Escuchar tu voz, a lo lejos, como un susurro,
sentir en la lejanía tu música al amparo de un intenso frío,
a punto de helarse el alma,
a punto de congelarse el miedo.
Sentir, con recelo, un poco de calor en el vientre
o el recuerdo del calor que tanta felicidad y consuelo
me proporcionaban tus manos, me proporcionaba tu aliento.
No sentir las olas,
ni oler los sueños,
ni escuchar el dolor de los recuerdos.
No saber si la muerte se adentra en mi jardín de quiméricos sueños
que quema lentamente una ternura que se perdió con el tiempo,
ante el muro de la lamentación de su existir, al menos...
Sentir la muerte de la esperanza como collage de desengaños,
necios suspiros...
deseos de ser mejor en noches de duelo,
oler como la ilusión se desintegra en el suelo
Oler como la dulce promesa de felicidad
acaba colgada con otros muchos sueños...
en el cajón de sastre de tantas y tantas quimeras
que helaron mi corazón entre suspiros y miles de aromas,
de tantos deseos por cumplir y tanta vida por Beber.
Tener pánico a equivocarte otra vez
y sentir el desgarro del desamor.
No sentir el amor incondicional de tu alma gemela,
perdida entre mis cenizas.
Querer ser mejor y caer al infierno
No sentirte perdonada ni querida
...en la noche del alma.
Quebrar la apatía con desconsuelo,
saltar los charcos para perderse en el aire del momento
obligar a la conciencia a pararse ante lo eterno
salpicar de barro y heno cualquier duda o lamento.
Escuchar tu voz como un rumor,
voz muy a lo lejos,
como música celestial, devolviéndome el consuelo,
agarrando esta alma mía asustada y sin concierto
abnegada por momentos, y orgullosa ante el cáncer del miedo.
Lejana como tu corazón cuando me dice "no te quiero"
perdida entre la maraña de sentimientos y careos,
escondida como la niña que tiene miedo del miedo
y que díscola se envuelve entre sábanas de impoluto blanco y negro,
sábanas de hilo blanco y lágrimas de oro negro,
al arrullo de infancias perdidas y al calor de dulces besos.
Cómo hacerme comprender entre mis tristes errores
lo mucho que yo te quiero,
y no dejo de enredarme en estos mis pensamientos,
que, queriéndoles hacer tuyos y libres de todo, de todo miedo,
deseo el no ser juzgada,
sólo mecida entre el viento
y luego entre mil y una tormenta acunarte en silencio,
imprudencia, que, de no sentir el dolor que yo siento,
me sienta dolorosamente abatida ante mi propio revuelto, esculpiendo un muro nuevo que me acalla en tu silencio..
Y vuelvo de lejos a escuchar tus desvelos,
que son míos y no sé cómo hacerte de nuevo,
un volver al paraíso,
un retornar al tenernos,
un volverte a enamorar,
porque yo no soy nada sin esto,
sin tus besos, tu ternura, tu voz amiga en mis sueños,
y siento el vacío que hiela mi alma dormida en el cielo.

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